LITO CRUZ Y SU AMISTAD CON ROBERT DE NIRO
(RELATO DE LITO CRUZ)
 
 
Dicen que la amistad logra cosas que el dinero no puede conseguir. Antes que De Niro llegara a la Argentina, un periodista de televisión me dijo textualmente: «-¡Je!... Los de la productora de la película La Misión no consiguieron que De Niro viniera para el estreno y vos decís que él va a venir para el tuyo?... ¡Daaaaale!».

Pero De Niro vino. ¿Por qué?... Ni yo mismo estoy seguro.

Nos conocimos cuando él vino a la Argentina para hacer la promoción de El Toro Salvaje.

Yo ya había visto a De Niro en varias películas. Era uno de los actores que más respeto me inspiraba. Pero con su personaje de Jake La Motta me conmocionó. Yo jamás había visto a un tipo que fuera capaz de hacer tantos papeles tan distintos entre sí. Y todos bien.

Fui a verlo al hotel donde estaba alojado y me presenté. Le dije que yo era un actor argentino y que su manera de trabajar me parecía fuera de serie. Que quería saber cómo hacía, cuál era su método.

Así empezó nuestra amistad. Yo no hablo un inglés muy fluído que digamos, pero él sabe algo de italiano y más o menos logramos entendernos bastante bien.

Fuimos a almorzar y después lo invité a mi estudio de teatro para que presenciara una clase. Vino junto a Barry Primus —otro gran actor—, que después dio un curso de quince días en mi escuela, aceptando una invitación que yo le había hecho.

Con De Niro, desde ese momento, hubo muy buena onda, una comunicación bastante especial. Después, cuando él regresó a los Estados Unidos, no volvimos a vernos, pero de vez en cuando nos llamábamos por teléfono o nos enviábamos una carta.

Cuando él vino a la Argentina para filmar en Cataratas La Misión, aproveché para llamarlo por teléfono e invitarlo a pasar unos días en Buenos Aires. Aceptó encantado y hasta dio una charla para los alumnos de mi escuela, que les sirvió muchísimo, porque habló de cómo se trabajaba en Estados Unidos y de cuál era su experiencia personal en el Actor’s Studio.

Por entonces me comentó que estaba pensando en hacer teatro y me invitó a ver su obra cuando la estrenara. La obra era Cuba y su pequeño Teddy, de Reynaldo Povod, la misma que yo representé luego en el Teatro Olimpia.

Apenas levantó el telón en los Estados Unidos, me tomé el primer avión. De Niro me recibió como jamás lo hubiera imaginado.

El vive en un departamento muy amplio en un décimo piso y acondicionó otro, un piso más abajo, para que yo me alojara. Allí estuve viviendo cerca de un mes. Vi su obra un par de veces, tuvimos infinidad de charlas sobre teatro y hasta hicimos un par de viajecitos en los que conocí a su padre y a su hijo, Rafael.

En varias oportunidades surgió el tema de traer la obra y representarla en Buenos Aires, pero a mí me parecía algo sumamente utópico. Sin embargo, a él le pareció una posibilidad más que lógica.

Finalmente, cuando me decidí a representarla acá, se lo dije y se puso muy contento. Inclusive me prometió que si sus compromisos cinematográficos se lo permitían, iba a estar en la Argentina para el estreno. La verdad, lo vi como algo muy difícil. Todos sabemos lo complicado que es para las grandes estrellas del cine norteamericano liberarse de sus compromisos. Sin embargo, para sorpresa de todos —la mía también— el martes 24 de marzo estuvo en Buenos Aires para el estreno del día siguiente. Y no vino solo. Encima se trajo a otro monstruo como Christopher Walken, aquel que actuó con él en El Francotirador.

Después del estreno estuvimos en casa, con toda la familia y algunos amigos. Hicimos un asadito —le encanta la carne argentina— y charlamos de la obra. El proyecto le gustó, aunque el final que él hacía allá es distinto al mío.

Estuvo apenas un día y se fue. Mi mayor satisfacción es que haya venido pura y exclusivamente a ver la obra. Eso es algo que solamente hacen los amigos.

¿Cómo es Robert De Niro?... Fundamentalmente, un tipo sencillo. Un tipo de barrio. Yo creo que no hay muchas diferencias entre dos tipos, aunque uno haya nacido en el Bronx y el otro en Flores. Los dos tienen algo que los identifica: la calle, las vivencias. Tal vez sea por eso que De Niro y yo tenemos tan buena comunicación. O tal vez sea que los dos somos actores, nada más, aunque él tenga un talento que yo no creo tener.

Con distintos medios, lo concreto es que tenemos la misma profesión.


LITO CRUZ